
Uruguay, Chile y Brasil se acercan a las elecciones que definirán quiénes serán sus nuevos presidentes. Pero más allá de las figuras, aparecen sociedades involucradas con el rumbo de su país.
Los uruguayos se encuentran en la recta final del proceso electoral que el 29 de noviembre determinará qué persona y qué proyecto político sucederá al actual mandatario
Tabaré Vásquez. El presidente del Frente Amplio dejará su cargo en marzo de 2010 y ostenta un índice de popularidad del 71 por ciento. La constitución uruguaya no ofrece la posibilidad de la reelección y, en lo personal, Vázquez desalentó cualquier otro medio para perseguir ese objetivo. Quizás sea justamente por eso que mantiene tan alto grado de respaldo popular.
El gobierno de Vázquez -el primero del Frente Amplio- demostró que un grupo de centro izquierda, diferente de los partidos políticos tradicionales, quizás un poco heterogéneo, era capaz de gobernar y de sostener el rumbo del país, añadiendo una labor social largamente postergada.
En las elecciones generales celebradas en octubre, los uruguayos manifestaron sus preferencias mayoritarias por el candidato del Frente Amplio, José Mujica y por el del Partido Nacional -o Blanco- el ex presidente Luis Lacalle. En el fondo existe una pugna entre aquellos uruguayos con una concepción más tradicionalista y aquellos con una idea más renovadora de la política.
Sin embargo, hay temas comunes en los cuales, en términos generales están de acuerdo. Sólo por poner un ejemplo, desde hace más de treinta años Uruguay se proyectó como un país productor de pasta de papel. En aquellos años se plantaron los árboles que hoy la empresa Botnia utiliza para su producción. Ni el Partido Colorado, ni el Partido Blanco ni el Frente Amplio discuten sobre eso.
Lo que decidirán los uruguayos el 29 de noviembre es si le dan continuidad a una forma o a otra de llevar adelante el “proyecto Uruguay”, en el que todos mayoritaria o minoritariamente se sienten embarcados.
Los chilenos enfrentan un desafío diferente. Con la elección presidencial del 13 de diciembre posiblemente comiencen a dar vuelta la página del “post-pinochetismo”. Chile conserva aún muchos nichos autoritarios originados en la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990. Recuérdese además que en el caso chileno la dictadura militar cedió la conducción política a los civiles sin las mismas presiones que en otros países de América Latina. Las Fuerzas Armadas todavía conservan un poder imposible de soslayar, sustentado principalmente en que su presupuesto se nutre de un porcentaje fijo de la principal exportación chilena, el cobre. La dictadura pinochetista dejó numerosos enclaves autoritarios en la política y la sociedad chilenas. Muchos de ellos han sido superados, otros no. La posibilidad de que la centro derecha acceda al poder tras casi 20 años de gobierno de la Concertación, indica claramente una evolución de las tendencias políticas en Chile. La Concertación de Partidos por la Democracia, aglutina a varios partidos, los más importantes la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. La centro derecha había conservado hasta la actualidad resabios autoritarios. El mérito del empresario
Sebastián Piñera consiste en haber dotado a la centro derecha chilena, encarnada en la agrupación Renovación Nacional, de una ética más democrática y de una estética muy similar a la de las derechas anglosajonas.
Simultáneamente, de la mano de
Marco Enríquez Ominami, parece estar floreciendo una nueva centro izquierda en Chile, más comprometida con los cambios sociales que la Concertación y surgida como un desprendimiento crítico de ella.
El surgimiento de una centro derecha y una centro izquierda más dinámicas y comprometidas, sitúa a la Concertación en la necesidad de un replanteo y una adecuación a las preferencias de los chilenos. Su candidato, el ex presidente
Eduardo Frei, no consigue recuperar los votos que le sustrae Enríquez Ominami por la izquierda, ni arrebatarle los que concentra Piñera por la derecha. Los últimos sondeos de opinión le otorgan alrededor del 36 por ciento de las preferencias a Piñera, aproximadamente un 26 por ciento a Frei y entre 14 y 18 por ciento a Enríquez Ominami. Las proyecciones plantean un escenario de segunda vuelta electoral entre Piñera y Frei con una intención de voto del 49 por ciento para el primero y 42 por ciento para el segundo. Sea quien fuere el ganador, deberá ponerse a la altura de Michelle Bachelet
, quien dejará su cargo sin posibilidad de reelección, ostentando un 78 por ciento de popularidad.
Sin embargo, nadie discute el extraordinario posicionamiento internacional de Chile ni su apertura al mundo. Tampoco el desarrollo macroeconómico del país. No está en tela de juicio el “proyecto Chile”, aunque queden pendientes aún el desarrollo de mecanismos que traduzcan más equitativamente al conjunto de la sociedad esos éxitos macroeconómicos y el desalojo definitivo de los enclaves autoritarios, herencia de un pasado al cual ningún chileno sensato desea retornar.
Por otro lado, las elecciones presidenciales en Brasil serán en octubre de 2010. Falta tiempo todavía. No obstante, el primer mandatario,
Luiz Inácio “Lula” Da Silva, quien concluirá su segunda presidencia con un índice de popularidad superior al 80 por ciento -es quizás el presidente con mayor popularidad en el planeta- y sin posibilidades de otra reelección, intenta que su partido pueda continuar con su labor. Su preferida para sucederlo es la Jefa de Gabinete,
Dilma Rousseff. Sin embargo, se encuentra en una posición de vulnerabilidad. Además de las lógicas batallas internas que debe enfrentar para quedarse con la candidatura presidencial, en abril se conoció que padece -aunque tratable- un cáncer linfático. El oficialista Partido de los Trabajadores debe enfrentar además la candidatura extrapartidaria del ex ministro de Lula,
Ciro Gómez, quien amenaza con absorber a muchos de los votantes del oficialismo. Es por eso que el primer mandatario se encuentra abocado a sellar una alianza política con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño para las elecciones de octubre del año entrante. La oposición, encarnada en el Partido de la Social Democracia Brasileña, presenta a la fecha como precandidato presidencial a
José Serra, actual gobernador del Estado de Sao Paulo y ex ministro de Fernando Henrique Cardoso. Serra ya perdió una elección presidencial ante Lula en 2002. A pesar de ello, es un candidato instalado popularmente y Brasil contiene varias historias de candidatos persistentes que finalmente alcanzaron la primera magistratura del país, Lula entre ellos. Asoma sin embargo otro candidato en el mismo partido con un apellido ilustre. Se trata de Aecio Neves
, nieto por vía materna de Tancredo Neves, el primer presidente electo de la democracia en 1985, quien falleció antes de asumir el cargo. Aecio Neves es gobernador de uno de los más importantes Estados de Brasil, Minas Gerais, al que le devolvió en dos períodos consecutivos credibilidad y obras públicas. Redujo a cero un alarmante déficit fiscal, volvió a pagar los sueldos del sector público antes del quinto día de cada mes tras 10 años de irregularidades y consiguió crédito para el Estado tras 14 años sin que nadie se animara a prestarle. Fue reelegido gobernador con el 77 por ciento de los sufragios.
El presidente y los candidatos oficialistas y opositores trazan estrategias políticas para el futuro, pero nadie discute la inserción de Brasil en el mundo como potencia no ya regional sino mundial. Lula introdujo en Brasil una dosis de justicia social que faltaba, sin por ello atentar contra los intereses macroeconómicos que permitieron que Brasil dispute actualmente espacios de poder con las principales potencias de la Tierra. El desafío de su sucesor será el de conducir el rumbo del “proyecto Brasil” tan bien como él.
Uruguay, Chile y Brasil son países con proyección, se “eyectan hacia adelante” siguiendo un rumbo, una orientación sobre la cual están mayoritariamente de acuerdo la comunidad y la conducción política. El hecho de que despidan a sus presidentes con altísimos índices de popularidad es un claro indicador de que saben que deben seguir adelante y por el mismo camino independientemente de las figuras. “Fue muy bueno, pero debemos seguir adelante por el camino propuesto” parece ser el mensaje. A veces no es tan importante continuar un poco más hacia la derecha o hacia la izquierda, sino hacerlo hacia adelante. Eso es lo que hace que Uruguay, Chile y Brasil, tengan a pesar de la incertidumbre electoral del momento, futuros promisorios.
Los uruguayos se encuentran en la recta final del proceso electoral que el 29 de noviembre determinará qué persona y qué proyecto político sucederá al actual mandatario
Tabaré Vásquez. El presidente del Frente Amplio dejará su cargo en marzo de 2010 y ostenta un índice de popularidad del 71 por ciento. La constitución uruguaya no ofrece la posibilidad de la reelección y, en lo personal, Vázquez desalentó cualquier otro medio para perseguir ese objetivo. Quizás sea justamente por eso que mantiene tan alto grado de respaldo popular.El gobierno de Vázquez -el primero del Frente Amplio- demostró que un grupo de centro izquierda, diferente de los partidos políticos tradicionales, quizás un poco heterogéneo, era capaz de gobernar y de sostener el rumbo del país, añadiendo una labor social largamente postergada.
En las elecciones generales celebradas en octubre, los uruguayos manifestaron sus preferencias mayoritarias por el candidato del Frente Amplio, José Mujica y por el del Partido Nacional -o Blanco- el ex presidente Luis Lacalle. En el fondo existe una pugna entre aquellos uruguayos con una concepción más tradicionalista y aquellos con una idea más renovadora de la política.
Sin embargo, hay temas comunes en los cuales, en términos generales están de acuerdo. Sólo por poner un ejemplo, desde hace más de treinta años Uruguay se proyectó como un país productor de pasta de papel. En aquellos años se plantaron los árboles que hoy la empresa Botnia utiliza para su producción. Ni el Partido Colorado, ni el Partido Blanco ni el Frente Amplio discuten sobre eso.Lo que decidirán los uruguayos el 29 de noviembre es si le dan continuidad a una forma o a otra de llevar adelante el “proyecto Uruguay”, en el que todos mayoritaria o minoritariamente se sienten embarcados.
Los chilenos enfrentan un desafío diferente. Con la elección presidencial del 13 de diciembre posiblemente comiencen a dar vuelta la página del “post-pinochetismo”. Chile conserva aún muchos nichos autoritarios originados en la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990. Recuérdese además que en el caso chileno la dictadura militar cedió la conducción política a los civiles sin las mismas presiones que en otros países de América Latina. Las Fuerzas Armadas todavía conservan un poder imposible de soslayar, sustentado principalmente en que su presupuesto se nutre de un porcentaje fijo de la principal exportación chilena, el cobre. La dictadura pinochetista dejó numerosos enclaves autoritarios en la política y la sociedad chilenas. Muchos de ellos han sido superados, otros no. La posibilidad de que la centro derecha acceda al poder tras casi 20 años de gobierno de la Concertación, indica claramente una evolución de las tendencias políticas en Chile. La Concertación de Partidos por la Democracia, aglutina a varios partidos, los más importantes la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. La centro derecha había conservado hasta la actualidad resabios autoritarios. El mérito del empresario
Sebastián Piñera consiste en haber dotado a la centro derecha chilena, encarnada en la agrupación Renovación Nacional, de una ética más democrática y de una estética muy similar a la de las derechas anglosajonas.Simultáneamente, de la mano de
Marco Enríquez Ominami, parece estar floreciendo una nueva centro izquierda en Chile, más comprometida con los cambios sociales que la Concertación y surgida como un desprendimiento crítico de ella.El surgimiento de una centro derecha y una centro izquierda más dinámicas y comprometidas, sitúa a la Concertación en la necesidad de un replanteo y una adecuación a las preferencias de los chilenos. Su candidato, el ex presidente
, quien dejará su cargo sin posibilidad de reelección, ostentando un 78 por ciento de popularidad.Sin embargo, nadie discute el extraordinario posicionamiento internacional de Chile ni su apertura al mundo. Tampoco el desarrollo macroeconómico del país. No está en tela de juicio el “proyecto Chile”, aunque queden pendientes aún el desarrollo de mecanismos que traduzcan más equitativamente al conjunto de la sociedad esos éxitos macroeconómicos y el desalojo definitivo de los enclaves autoritarios, herencia de un pasado al cual ningún chileno sensato desea retornar.
Por otro lado, las elecciones presidenciales en Brasil serán en octubre de 2010. Falta tiempo todavía. No obstante, el primer mandatario,
Luiz Inácio “Lula” Da Silva, quien concluirá su segunda presidencia con un índice de popularidad superior al 80 por ciento -es quizás el presidente con mayor popularidad en el planeta- y sin posibilidades de otra reelección, intenta que su partido pueda continuar con su labor. Su preferida para sucederlo es la Jefa de Gabinete,
Dilma Rousseff. Sin embargo, se encuentra en una posición de vulnerabilidad. Además de las lógicas batallas internas que debe enfrentar para quedarse con la candidatura presidencial, en abril se conoció que padece -aunque tratable- un cáncer linfático. El oficialista Partido de los Trabajadores debe enfrentar además la candidatura extrapartidaria del ex ministro de Lula,
Ciro Gómez, quien amenaza con absorber a muchos de los votantes del oficialismo. Es por eso que el primer mandatario se encuentra abocado a sellar una alianza política con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño para las elecciones de octubre del año entrante. La oposición, encarnada en el Partido de la Social Democracia Brasileña, presenta a la fecha como precandidato presidencial a
José Serra, actual gobernador del Estado de Sao Paulo y ex ministro de Fernando Henrique Cardoso. Serra ya perdió una elección presidencial ante Lula en 2002. A pesar de ello, es un candidato instalado popularmente y Brasil contiene varias historias de candidatos persistentes que finalmente alcanzaron la primera magistratura del país, Lula entre ellos. Asoma sin embargo otro candidato en el mismo partido con un apellido ilustre. Se trata de Aecio Neves
, nieto por vía materna de Tancredo Neves, el primer presidente electo de la democracia en 1985, quien falleció antes de asumir el cargo. Aecio Neves es gobernador de uno de los más importantes Estados de Brasil, Minas Gerais, al que le devolvió en dos períodos consecutivos credibilidad y obras públicas. Redujo a cero un alarmante déficit fiscal, volvió a pagar los sueldos del sector público antes del quinto día de cada mes tras 10 años de irregularidades y consiguió crédito para el Estado tras 14 años sin que nadie se animara a prestarle. Fue reelegido gobernador con el 77 por ciento de los sufragios.El presidente y los candidatos oficialistas y opositores trazan estrategias políticas para el futuro, pero nadie discute la inserción de Brasil en el mundo como potencia no ya regional sino mundial. Lula introdujo en Brasil una dosis de justicia social que faltaba, sin por ello atentar contra los intereses macroeconómicos que permitieron que Brasil dispute actualmente espacios de poder con las principales potencias de la Tierra. El desafío de su sucesor será el de conducir el rumbo del “proyecto Brasil” tan bien como él.
Uruguay, Chile y Brasil son países con proyección, se “eyectan hacia adelante” siguiendo un rumbo, una orientación sobre la cual están mayoritariamente de acuerdo la comunidad y la conducción política. El hecho de que despidan a sus presidentes con altísimos índices de popularidad es un claro indicador de que saben que deben seguir adelante y por el mismo camino independientemente de las figuras. “Fue muy bueno, pero debemos seguir adelante por el camino propuesto” parece ser el mensaje. A veces no es tan importante continuar un poco más hacia la derecha o hacia la izquierda, sino hacerlo hacia adelante. Eso es lo que hace que Uruguay, Chile y Brasil, tengan a pesar de la incertidumbre electoral del momento, futuros promisorios.























